viernes, 13 de julio de 2007

ND: Necesariamente Desvergonzado

Aquí hay que ser patudo. No queda otra. Es una universidad gigantesca y de prestigio. Aquí los edificios tienen nombres de multimillonarios mecénicos y los profesores tienen nombres de libros que uno ha leído o que ha hojeado o que están esperando a ser leídos. Y si uno quiere aprovechar la oportunidad de conocerlos tiene que ser patudo, ir y preguntar directamente. Hay que ser necesariamente desvergonzado.

Me pasó como me ha pasado todo en el último tiempo: de casualidad... o de puro metiche, que es lo mismo que ser curioso. Nos mandaron a la librería de ND a comprar un libro con los textos complementarios y algunas lecturas que íbamos a necesitar para los cursos que estábamos tomando (aquí no existen las fotocopias, esa institución universitaria chilena que mantiene flotando a todos los estudiantes: aquí o te compras el libro, usado o nuevo, o la universidad tiene que provisionar muchas copias. Eso es caro, pero los derechos de autor son sagrados. Han desarrollado todo un mercado de libros usados y las fotocopias te las dan en un empaste que hace menos grosero y más manejable la multiplicación de material sujeto a derechos de autor). Les decía que fui a la librería a comprar los apuntes, que están en largas estanterías ordenados según el código del curso. Esa es una buena forma de ver qué cosas se están enseñando en paralelo en la universidad... al menos así lo vi yo. Cual no sería mi sorpresa al ver que al lado de los apuntes de mi curso había un montoncito de libros de G. K. Chesterton, un autor que me chala de un modo desaforado. Y no un título, sino varios. Y el curso era completo sobre él. "¡En alguna parte de este campus se está dictando un curso completo sobre Chesterton -me dije-, tengo que ir al menos a escuchar!" Anoté el nombre del profesor y el código del curso.

Fui al sitio web de ND y revisé en la facultad de Filosofía. Efectivamente encontré el nombre y los datos del profesor, pero no había ni rastro del curso. Era el viernes pasado, todas las oficinas cerradas, así que le mandé un mail al profesor y al contacto de la facultad preguntando si efectivamente existía el curso, dónde y cuándo se impartía y si podía ir a escuchar, prometiendo no llevar ni armas químicas ni mi tocado de plumas que todo latinoamericano debe usar, según reza el saber común del norteamericano promedio; si no podía asistir, le pedí al profesor si nos podíamos juntar a tomar un café y conversar. Al ratito me respondieron los dos, profesor y contacto, que el curso era para el semestre de otoño (y dudo que mis jefecitos me aguanten alargar mi estadía aquí un semestre más, así que ni siquiera les pregunté y este mail no es un tanteo de terreno, por favor). Pero gustoso compartía un café. Lo que el profesor todavía no sabe es que ya estoy reclutando Chestertonianos entre los que vinimos al seminario para sacarle todo el jugo. De ahí les cuento cómo resulta.

Y así, suma y sigue. Mientras buscaba en Internet el nombre de este profesor del curso de Chesterton, vi que durante este verano la facultad de filosofía está dando un curso a cargo del profesor Alasdair MacIntyre. No les voy a dar la lata de quién es, pero digamos que es un tipo muy conocido, que es de los pocos filósofos que escribe cosas que se entienden y, no sólo eso, sino que la gente los lee, los compra, los entiende y por si fuera poco, sus ideas se aplican. No ha cambiado el mundo, pero en lo suyo el tipo es conocido en todo el mundo. Ya averigüé dónde está su oficina y me dijeron que era un caballero mayor, "very grumpy" (algo así como gruñón y/o malhumorado) y que si alguien quería hablar con él, tenía que hacer una carta muy formal a través de su secretaria. Y así, suma y sigue con las patudeces. Si uno quiere conocer a esos tipos que uno vio en los libros en Chile, tiene que ser patudo, ir y hablar con las secretarias (y esa es una de las cosas que no cambian... las secretarias son y serán la pieza más importante en una institución). No tengo la más remota idea de qué podría hablar con MacIntyre, pero ya se me ocurrirá algo (y hay otros tipos que estarían dispuestos a ir conmigo).

Más patudeces. Aquellos que están en el tercer seminario del Phoenix Institute deben hacer una tesis y obtienen algún grado académico menor (yo, por venir una vez, sólo se me reconocen los créditos de los cursos aprobados... son créditos válidos en cualquier univ. de EE.UU., lo que no es menor, pero no da ni para un Diplomado). Pues bien, una mexicana acaba de entregarle su tesis a uno de los coordinadores del programa y él le comentó que el tema de la tesis podría interesarle a no sé qué gringo de aquí que está a cargo de un programa de postgrado en periodismo, o algo así. Cuando escuché esto, casi se me cayó la oreja de impresión, porque antes de venir para acá di vuelta todo el sitio web de ND y nunca vi que hubiese algún tipo de programa de postgrado en comunicaciones. De hecho me extraña muchísimo que una universidad católica no tenga dentro de sus áreas de interés el de los medios de comunicación... ahí se juega mucho hoy en día. Así que parece que hay algo de eso aquí (de más está decirlo que sin tener facultad de comunicaciones la librería de ND tiene más textos sobre medios de comunicación que la UC). ¿Quién era el tipo? Ella no se acordaba. Sólo sabía que tenía oficina en O'Shaughnessy, el edificio de la Facultad de Artes Liberales.

Eso fue hoy a la hora de almuerzo. Teníamos la prueba de mitad del curso sobre Aristóteles y Aquino, pero mi cabeza estaba en otra parte, en alguna oficina de un edificio con gárgolas y estatuas colgadas de sus murallas. Nuevamente es viernes, después de almuerzo, verano y esta universidad se queda vacía de funcionarios (¡ya deberían aprender de DuocUC estos pinches gringos, como dicen los mexicanos!). La única persona que encontré era la secretaria del decano. Así que le tiré la lengua y el lunes voy a tocar la puerta de la persona que me recomendó.

Ya es viernes y esta semana pasó volando. Hubo muchísimo que estudiar y que leer. Lo que nunca, me ando cabeceando de sueño en las clases. Las lecturas para el examen de hoy y el ensayo que tengo que entregar el lunes me tienen agotado... pero feliz, porque todas las preguntas con las que llegué han aparecido en los temas que hemos estudiado (no me las han respondido, por supuesto, porque sería una lata que me las respondieran en un mes); todas las inquietudes existenciales, cruces disciplinarios que siempre me han llamado la atención, aquí parecen tener algún sentido. Y lo más curioso (... a esta altura, y tras todo lo que me ha pasado en los últimos meses, ya no sé si es curioso, casualidad o gracia divina...) es que sigo sintiendo que voy por el camino correcto, que todas estas personas -desde siglos pasados, tumbas lejanas e idiomas distintos- me hablan de lo mismo y que no me parece tan loco juntar en una sola mochila todas mis dudas, certezas y amores. O quizás sí es loco, pero es lo que hay que hacer. Como le comentaba a uno de ustedes por messenger el otro día, siento que ando con el alma hiperventilada, con los poros abiertos y bebiendo a tragos largos mil ideas que andan dando vueltas esperando ser atrapadas en una hoja. Y en eso estoy.

Y en ese proceso de atrapar ideas e hiperventilar almas, tengo que hacer un agradecimiento público: a la Andreha M (no es un error de tipeo, es Andreha) y si ella quiere reenviarle el mail al padre Fernando Astorquiza al cielo, feliz. Durante toda esta semana nos dedicamos a estudiar el heroísmo en la Biblia, en ambos testamentos... y qué quieren que les diga vamos a comerciales y ya volvemos:

Comercial 1: ¡¡¡Tu curso de biblia es tremendo!!! Todavía tengo los apuntes guardados en mi computador y acúsome de haber revisado los textos que me pediste que corrigiera para tu libro de biblia. Como dijo el filósofo argentino Gustavo Cerati: "Gracias, totales".
Comercial 2: Viva la Lectio Divina. Atención a todos los Duoquenses del listado, el curso de Lectio que se está haciendo (o se hizo) en la sede Alameda sirve y mucho. Es la mejor forma de aprender a leer la Biblia y a parte de entenderla, aplicarla. Pueden leer a la Isabel Allende, pero eso no te va a decir mucho. Y para hacer una buena Lectio Divina no se necesitan doctorados.
Volvemos a las transmisiones habituales.

No desesperen. No todo es contemplación de las esencias eternas, también hay epicureísmo (o búsqueda de la felicidad a través del placer y la alegría de compartir). El martes, creo, fue la fiesta mexicana. Los y las cuates se esmeraron y salió a todo ritmo. Levantaron una "Posada" en la mitad de una universidad gringa con impronta irlandesa... de los más ONU (... o FIFA, debería decir, porque hay más países que en la ONU). Hubo bailes, piñata y hasta una sillita musical. Debo decir que mi participación en la sillita musical fue tan indigna como la de la selección chilena en la Copa América. Pasé la primera ronda y en la segunda, cuando agarré un asiento, una gringa muy "competitiva", según se autodefinió posteriormente, entendió que estaba permitido desplazar al ocupante de una silla con un... llamémosle de en buen chileno, un "potazo". Feliz porque me veía pasando a cuartos de final, terminé en el suelo pidiendo explicaciones y con un dolor "ahí mismo". Muy caballerosamente le dije a la gringa que eso era tarjeta amarilla, pero no íbamos a entrar a discutir ahí sobre el tema. Van algunas fotos de la fiesta y, hasta donde sé, no hay fotos de mi porrazo. Lo que sí hay, es una foto del profesor Evans, el de Heroísmo, cual Aquiles redivivo, emprendiéndolas a palos contra la piñata. Un momento Kodak en toda su expresión.


Más epicureísmo: las opiniones están divididas. Un grupo no se le ocurrió nada mejor que partir a NY por el fin de semana, otros queremos ir a Six Flags, un parque muy grande cerca de Chicago, con montañas rusas tamaño Big-Mac-Bien-Americano-XXL-extra-pepperoni. Me tinca que no va a resultar ninguna de las dos. Yo habría partido a Six Flags. Ahí les cuento.

Antes de irme... tengo que contarles una primicia. Me enamoré. Y de verdad. El problema es que son dos hermanas mellizas y me gustan las dos. Son gringas, de apellido Machine. Una se llama Washing Machine y la otra Dryer Machine. Me las llevaría a Chile, pero allá igual hay. Fuera de bromas. El otro día hice mi primera maratón de lavado y secado, uno con cada una de las gringas maravillosas. Y lo más maravilloso, es que hay unas cuestioncitas absolutamente mágicas que se hechan dentro de la secadora y las camisas salen planchadas. Lo que más me gustaba de este país era la NBA, ahora es ese aparatito mágico.

Yap. Tengo sueño. Un abrazo a todos y especialmente a las futuras mamás de la lista (Carola M. y Fran A.)

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