lunes, 9 de julio de 2007

ND: Notable Desfile (crónica)


Les había prometido que les iba a contar algo de la historia de por qué llegué aquí a ND (que a todo esto, queda en Indiana, Estados Unidos... porque alguien por ahí me mandó un mail felicitándome por mi estadía en Europa, en fin... su identidad quedará a salvo).

No es casualidad que yo haya venido a parar a este lugar del mundo. En absoluto. Muchas cosas tuvieron que ocurrir para que cuajara este desembarco del Mostro en ND. En enero de este año me llegó el mailing mensual que envían los tipos más valientes del ciberespacio chileno: MueveteChile.org. Ellos fueron los culpables manifiestos. En su mailing veraniego incluyeron un minúsculo link a un "seminario de verano en la Universidad de Notre Dame".

Habría pasado inadvertido si ese nombre no tuviera ya un historial en mi cerebro. No es cualquier universidad para mí. Hasta el año 1999 yo estudiaba periodismo en la UC para ser periodista (nada nuevo). Y como todavía me quedaban algunos créditos de libre disposición decidí tomar un curso de formación general que muchos de ustedes ya conocen o del cual han oído hablar. Me refiero a Pensadores del Siglo XX, que dicta el profesor Gonzalo Rojas Sánchez (¡Ya, hombre, tranquilo! Puedes agregar este blog a tu índice de referencias bibliográficas y citas académicas). En cortito tengo que confesarles que fue por ese curso que más que el periodismo, es la educación lo que me mueve; Gonzalo cometió la irresponsabilidad de ponerme por primera vez frente a un curso. Y lo sigue haciendo cada semestre cuando me invita a hacer una clase de Pensadores. Pues bien, si la historia no es un mito, Pensadores del Siglo XX, tal como lo enseña Gonzalo en la UC y como algún día se expandirá por todo Chile, está basado en un curso que un tal Frank O'Malley dictó hace muchos años en la Universidad de Notre Dame: Modern Catholic Writers, se llamaba. Y cuenta la leyenda que el curso terminaba pocos minutos antes de la patada inicial del partido de fútbol (americano) del equipo de ND, los Fighting Irish, que son toda una institución y hasta un par de películas de cine los tienen por protagonistas. Pese a la competencia, la sala de O'Malley estaba siempre llena y hasta el último minuto.

Así que, en una especie de peregrinación, este domingo pasé a saludar a Frank a su tumba, aquí en uno de los dos cementerios de ND (la UC no es la única que tiene enterrada a un ex rector en sus dependencias, ¡qué se creen!).

Las clases aquí, son un agrado. En el mismísimo De Bartolo Hall, en una sala tipo auditorio. Harto aire acondicionado y totalmente en inglés. Los tipos hablan clarito y de repente me falta rapidez mental para estructurar alguna pregunta para el profesor. Pero todo funciona al milímetro. El curso de Heroísmo en Occidente lo dicta el profesor Evans, que es un abuelo notable: es el curso obligatorio para todos los que han venido por primera vez a ND. Esta primera semana nos la hemos pasado leyendo La Iliada. Aquí me di cuenta de que tuve muy buenos profesores en la universidad porque, no es que no haya aprendido nada nuevo con Evans, pero sí me hace mucho sentido todo lo que dice ya que tenía datos en la cabeza que completan un cuadro coherente. En exigencia es bastante menor que un curso como los tradicionales en Chile, pero el hecho de vernos todos los días hace que la carga de lecturas y trabajo sea más pesada, y finalmente se equilibra la cosa. Como el tema me es bastante conocido me ha permitido enfocarme más al segundo curso: Aristóteles y Tomás de Aquino. Qué quieren que les diga de estos dos a parte que dejaron de fumar hace varios siglos. Uno vestía sábana blanca y el otro hábito de dominico. El resto de lo que sé de ellos son referencias, porque no los he leído en español y ahora los tengo en inglés. El profesor es Daniel McInerny. Debe tener alrededor de 40 y pocos años y es de los que se preocupa de hacer las clases entretenidas; histriónico y sin sentido de la vergüenza a la hora de echar tallas. Esperaba un curso complicado y ha resultado muy interesante y hasta entretenido porque aborda textos muy requeteviejos, pero con preguntas actuales... y se apoya en textos actuales, especialmente en Juan Pablo II y Benedicto XVI.

McInerny nos tiene a todos de cabeza escribiendo un ensayo bastante original: no sólo le interesa que apliquemos el contenido de la clase, sino también que aprendamos el formato en que escribían estos caballeros antiguos. Si el tema es "la verdad" y estos personajes escribían en forma de diálogos, al profesor le interesa que aprendamos la estructura de los libros que escribían estos personajes y que la apliquemos. No encontró nada mejor que hacernos escribir un ensayo con el formato de una de las "cuestiones disputadas" de la Summa Teologica de Tomás de Aquino. Así que en eso estuve este fin de semana: recolectando fuentes e ideas -modernas y antiguas- que dialoguen, unas a favor y otras en contra de un tema X que él nos dio a elegir. Atentos, amigos humanistas de Chile, que en cualquier momento les pido por mail que me den los datos de algún autor o idea que se me haya quedado por alla. Porque si hay una cosa que los gringos tienen muy en primer lugar es la honestidad: No puedes escribir absolutamente nada sin citar la fuente que estás usando. Es preferible que mates al decano de una facultad a golpes de palillo chino antes que entregar un ensayo con una idea "copiada" o plagiada de frentón. Y eso sí que lo podríamos aplicar en Chilito.
Mmmm... debo reconocer que no he sido muy preciso en el párrafo anterior. No me la he pasado todo el fin de semana en eso. El sábado partimos temprano en un tren a Michigan City. Queda a una hora más o menos, pero lo curioso es que partimos a las 11.40 y llegamos a las 11.30. Es que entre South Bend y Michigan City pasa una línea de cambio de hora. A la vuelta salimos a las 17 y llegamos como a las 19 y algo. ¿Qué hay en Michigan City? Una playa en el lago (que es un mar gigantesco), un casino y un mall outlet con todas las marcas que se les ocurran y con unos descuentos groseros. Acúsome padre de haber caido en la tentación. Entré por un lado del outlet con la idea fija de no comprar nada porque yo me había levantado con ganas de ir a conocer la playa del lago Michigan y porque -juraba de guata- que en realidad no había nada que yo me quisiera comprar (y tampoco tenía ganas de comprar al tiro los regalillos que pudiera traer). En 12 minutos cambié de opinión. El lago Michigan podrá esperar y supongo que el casino no será distinto de cualquier otro casino del mundo y, dicho sea de paso, nunca me han gustado los casinos ni la idea de jugar la plata. Lo que me hizo cambiar de opinión fue un potrero de camisas y si hay algo por lo que siento una debilidad compulsiva eso son las camisas. En alguna parte de la maleta tendré que hacerle espacio a las seis nuevas camisas que tengo (... pero pensándolo bien, si sigo igual de pajarón no voy a tener tanto problema de espacio, porque ya se perdieron los lentes de sol y presté caballerosamente una chaqueta y un chaleco a damas con frío; estuve a punto de perder mi cámara fotográfica y la cabeza no la pierdo única y exclusivamente porque la tengo amarrada al cuello). Si no fuera porque la gente es honesta y entrega las cosas encontradas a la oficina de los artículos "lost and found" (perdidos y encontrados... ¡sirvieron las clases de inglés, Edmundo!), entonces no habría encontrado mi cámara.

Ah... les decía que fuimos a Michigan. Eso. Compramos. Harto. Volvimos. íbamos a ver partido de Chile contra Brasil. Mejor que no. No nos íbamos a exponer a ser el hazmerreir de los latinoamericanos. No después de las tallas, bromas y gritos barreros que les metimos a todos en el partido contra México. Me encerré en mi pieza a leer para el ensayo de McInerny. De Michigan les puedo contar que llegamos a la estación de trenes y por afuera se estaba preparando un "parade" o desfile gigantesco en que todos los vecinos, agrupaciones, asociaciones, clubes, instituciones y confereraciones marchan por la calle mostrando sus banderitas en honor al 4 de julio, día de su independencia. Saqué mi cámara, tomé la primera foto y no encontré a ninguno de los chilenos. Estaba metido en la mitad del desfile y sabía que a las 17 hrs. debía volver, así que desfilé en medio de una banda de una escuela local. Le tomé foto a todo lo que se movía. Subí algunas fotos de esas al blog. Ya me encargaría de encontrar a los chilenos en la estación más tarde.

Tenía todo el día por delante y me metí en el desfile. A mi lado venía el carro de McDonalds, con el payaso infernal arriba. Lejos, pero lejos, el personaje más esperado del desfile era Ronald McDonald. Ni el Tío Sam, ni el viejo pascuero, nada. "Ronald" era el grito de todos los niños; algunos que probablemente no sabían ni hablar dijeron allí sus primeras dos palabras: Ronald McDonald, cuando el resto de los terrícolas decimos "mamá" y "papá". Así es como están de mórbidos también. Pero también fue una oportunidad para ver en vivo y en directo una de las virtudes que más le envidio a los gringos, y que sería buenísimo que nosotros tuviéramos: agrupaciones, clubes, sociedades, etc. Allá todo vecino pertenece a algo. Todo grupo que hace algo, se organiza, se moviliza, se hace poleras con sus logos, desfila, se creen el cuento, se muestran al resto de la comunidad. El gringo es esencialmente comunitario. El desfile era un evento familiar. O se desfila en familia o se va en familia a verlo. Mientras que en Chilito reclamamos al tiro al gobierno o al alcalde por lo que nos falta o no nos gusta, allá se organizan ellos y lo intentan cambiar ellos. Sociedad civil organizada. Con razón después sus autoridades le tienen respeto a sus vecinos. Aquí esperamos a que nos vengan con la solución, allá salen y la hacen. Si a nuestro gobernante no se le ocurre un modo de arreglar un problema, el problema sigue sin resolverse (porque no se suelen resolver solos). El gringo en cambio hace una agrupación ciudadana, diseña un logo, una polera, un pin, crea una base de datos y pide fondos para organizar actividades. Podremos reírnos a carcajadas de los gringos -y lo hago seis veces al día- pero a la hora de los quiubo, nos dan cancha tiro y lado en esos pequeños detalles (que multiplicados por 400 millones de gringos ya no parecen tan pequeños).

Próximo capítulo. Ni idea.
Uf! Ya, chao. Taentonces.

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